Cristina nace en Valencia en 1966 y tiene un sueño, tomarse las uvas en la Puerta del Sol en Madrid.

Trabaja y vive en Valencia de maestra en el colegio infantil Rodriguez Fornos, aunque es una apasionada del arte. Hasta 41 años más tarde no se cumple la ilusión de venir a la capital a pasar el fin de año durante cuatro días. Llegar el 30 para irse el 3 de Enero y para ello que mejor que venirse con una amiga de toda la vida, Pilar, con la que ha compartido muchísimas cosas.

Aunque el tiempo no acompaña lo pasan de maravilla y por supuesto se toman las uvas en la Puerta del Sol con los miles de personas que hay allí. Son días de descanso, compras y de pasarlo en grande. En el último día y antes de marcharse, Cristina, como amante del arte, no quiere dejar de visitar el museo Reina Sofía y a pesar de haber salido un día nubloso y de mucho viento deciden salir temprano del hotel en la calle Amador de los Rios para ser las primeras en ver la exposición.

A eso de las 11:15 en filan Paseo de Recoletos en busca de algo que tomar, cuando sin explicación alguna Cristina dejó oir.

Unos segundos antes, un escudo de piedra comienza su camino hacia el suelo desde unos 30 metros del 29 de Paseo de Recoletos…esa piedra aunque tambien tiene su historia tiene un papel clave en la vida de Pilar.

Así, sin más explicación, le va a quitar su amiga del alma con la no ha pasado ninguna aventura con la que no ha hablado jamás y a la que realmente no conoce..así sin más, le quita a Cristina. Por mucho que Pilar pregunte no hay explicación posible ni forma de poner palabras a una sincronización casual, absurda y cruel.

No es de Madrid, no vivía aquí y era la primera vez que pasaba por allí…el grupo de fumadores que se ponía en ese sitio a fumar tenían muchas más posibilidades. Igual que el tejado de un colegio cae cuando ningun niño juega sobre el, una piedra cae en una persona que no tenía ninguna posibilidad de ser tan desafortunada…es simple sincronización.

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